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TuKi TuKi: el Carancho que rescaté de la calle.

Esta historia la publico un poco tarde, no porque quiera sino porque Telecom Argentina me tuvo casi 2 meses sin Internet porque no se dignaban a venir a arreglar el poste en que se rompió la linea de teléfono, pero aun cuando ya pasó demaciado tiempo, ahora puedo subir las fotos,  los videos, y tomarme el tiempo para contarles este relato (con final feliz)

Día 1:

Era el día 14 de Junio de 2012,  de tarde. Un fuerte ruido de golpe se escucha retumbar en el portón del garage del vecino seguido de chillidos con una tonalidad muy grave y desesperada; esto hace que salgamos, mi padre y yo, corriendo a la calle a ver de que se trataba.

Encontramos un perro (con reputación de asesino en la cuadra) acorralando a un ave herida, al cual logramos ahuyentar. No se trataba de cualquier ave, al principio desconcertados pensamos que era un gallo (por el tamaño) pero cuando el perro se fue, nos demos cuenta que era algo diferente.

¿Será aguilucho?, nos preguntábamos.

No, resultó ser un Carancho.

Bastante heridas sus alas, su alma valiente lo hacia tener la vigorosidad suficiente como para rebatirnos a picotazos cuando lo queríamos alzar para curar sus heridas.  Desconfiado y acorralado, solo nos vimos impaciente a que deje de un lado su temperamento para brindarle ayuda.

Tras 15min de espera, su temperamento se calmo, y con la ayuda de un toallón (para que no nos picotee) logramos “espantarlo” pero con rumbo para que ingrese a nuestra casa, ya que comenzó a bajar el sol y no queríamos dejarlo en la calle indefenso.Tuki Tuki: El carancho que rescaté de la calle.Una vez dentro de casa, en la parte delantera tenemos un pequeño jardin (donde tenemos algunos materiales para construir). Con un poco de esfuerzo logro subirse a una pila de ladrillos donde miraba  los movimientos que hacíamos entorno a el. Le ofrecimos agua y trocitos de carne, para ganarnos su confianza.

Tuki Tuki: El carancho que rescaté de la calle.

Pueden ver en el siguiente video lo hambriento que estaba y como apurado comía. En un momento intento tomar vuelo pero no pudo, y el piso fue lo mas alto que llegó. Recorrió un poco el lugar, para luego trepar hasta quedarse encima de una planta acurrucado donde pasó toda la noche. Un lugar lo suficientemente alto donde se habrá sentido seguro y donde miraba atentamente todo su alrededor.

*Sepan disculpar mi voz en el video, pero estaba altamente congestionado por el frío que hacia (pleno invierno).

Tuki Tuki: El carancho que rescaté de la calle.Tuki Tuki: El carancho que rescaté de la calle.

Día 2:

Desperté muy temprano para ir a ver a TuKi TuKi, el nombre que decidí que utilizaría para bautizar a tan bello ejemplar que robó el cariño de toda mi familia.

Decepción fue lo que sentí al ir a buscarlo y no encontrarlo en el lugar donde decidió descansar. Por otro lado, también sentí alivio al saber que pudo haber  recuperados las suficientes fuerzas para emprender vuelo e irse.

En eso, escuché su trinar, desde el fondo de mi casa. Apurado y con esperanzas de verlo una vez más,  me dirijo hacia atrás y lo encuentro en el techo de una casilla que tengo. Claramente estaba tomando sol. Así que con la ayuda de una banqueta, logré acercarme más y sacarle algunas fotografiás extras (y filmarlo una vez mas) de como comía.y dejaba acariciarse cuando lo llamaba.

Tuki Tuki: El carancho que rescaté de la calle.Tuki Tuki: El carancho que rescaté de la calle.

Habré ganado su confianza, o habrá  entendido que no quise hacerle daño en ningún momento, sino todo lo contrario: cuidarlo, por ende cuando lo llamaba (por el nombre que le dí): Tuki Tuki se acercaba y dejaba que le acaricie la cabeza.

Tras alimentarlo (y comió bastante, ya que comió cerca de medio quilo de carne en ambos días), antes de bajarme de la banqueta, le dije:

Si debes irte, entonces vé. Si necesitas quedarte, entonces quedate. Tu decides que hacer, eres libre de decidir.

No se bien que me impulso a decirle eso, pero era lo que sentí al verlo mientras le acariciaba Misteriosamente, luego de que le dije eso, fue muy sorprenderte para mi, ver como extendió las alas dejándolas en alto, las acomodó un poco, y emprendió vuelo rumbo al este, donde el sol estaba aflorando en la tibia mañana.

Simplemente quede asombrado y regocijado con quedarme con esa sensación de que me entendió, y recuperado se fue a continuar con su propio destino. En mi quedó la experiencia de haber cuidado un ave salvaje, y por más que hubiera querido que se quede y adoptarlo, más grato fue saber que decidió seguir con su vida, con su libertad.

Hoy en día:

Tras unas cuantas semanas desde la ultima vez que estuvo junto a mi, aun siento escuchar suavemente bien en lo alto, su grito surcando el cielo ¿Será él? No lo sé, pero me gusta pensar que si 🙂

Una cosa más. No sé si sera casualidad o causalidad, pero misteriosamente, la noche en que apareció, hubo un eclipse de lunar. Una dosis de misterio que le dota a esta pequeña historia, que en realidad considero un relato de una experiencia vivida.

Acerca de: Profesor Yeow

Hombre mayor con corazón de niño. A veces animal con ropa, pero excelente. Honor y Lógica. Curioso, Ateo Ético, Dev.OpenSource y Filántropo. De Rosario, Argentina http://yeow.com.ar

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